El remedio curativo del polvo de momia

momia-kbaE--620x349@abc Mumiae_Museum_fuer_Hamburgische_Geschichte3 muzeul-farmaciei_praf-de-mumie-768x433 pintura-con-polvo-de-momia-4-web.jpg.imgw.1280.1280 pomet_725_11L Tinaja de un boticario del siglo XVIII con polvo de momia

Durante siglos fue considerado una auténtica panacea que sanaba úlceras, huesos y hasta el dolor de muelas. La culpa la tuvo un error de traducción
A lo largo de los siglos la medicina ha dado inadmisibles bandazos terapéuticos y los médicos hemos utilizado técnicas de curación desprovistas de todo tipo de base científica. Un buen ejemplo fueron los polvos de momia. Durante siglos fueron considerados una verdadera panacea, se les atribuía todo tipo de virtudes curativas, desde la cicatrización de úlceras y reparación de huesos rotos, hasta la epilepsia, pasando por el dolor de muelas.

Este peculiar tratamiento gozó de la aquiescencia de todas las clases sociales, incluida la realeza. Sabemos que el monarca francés Francisco I no salía de palacio sin una buena provisión de saquitos con polvos de momia.

El uso de las momias con fines médicos fue fruto de una confusión lingüística. En la Antigüedad los persas comerciaban con betún, un líquido negro y viscoso al que se le atribuían propiedades saludables, y al que se conocía en su idioma como “mummia”. Cuando los mercaderes orientales contemplaron por vez primera la momias egipcias descubrieron con satisfacción que estaban recubiertas por betún, es decir, por “mummia”. Realmente las momias estaban revestidas con unas resinas especiales, bastante similares al betún, cuya función era mantener en buen estado la momificación.

Aquí empezó la confusión. Si la “mummia” tenía propiedades milagrosas para el cuerpo humano, también lo tendría, por extensión, aquello con lo que se impregnaba a las momias egipcias. Con el paso del tiempo el error fue increscendo y se empezó a aplicar el vocablo “mummia” a la totalidad del cuerpo de la momia, popularizándose el empleo de los cuerpos momificados como método terapéutico.

Las cruzadas hicieron el resto, propiciaron el contacto con la cultura árabe y la entrada de las maravillas de oriente en la Europa cristiana. Los “polvos de mummia” se hicieron su hueco en los albarelos de las reboticas.

Saqueadores de tumbas
Las condiciones de este error filológico fueron nefastas. Hubo una implacable persecución para adquirir momias egipcias, el polvo obtenido se diluía en vino, agua o miel y se dispensaba a una atribulada clientela. En algunos casos no se vendía el polvo, sino trozos de cadáver o, incluso, una pasta de coloración negruzca. También se elaboraron ungüentos a base de mezclas de vaselinas y sustancias oleosas, a los que se atribuían supuestos efectos rejuvenecedores sobre la piel. En otras palabras, las momias se convirtieron en un negocio muy lucrativo.

Al principio no fue difícil conseguir momias a las que poder atomizar, pero el imparable aumento de la demanda provocó que la materia prima empezase a escasear. Los saqueadores de tumbas se esmeraban pero su trabajo no conseguía abastecer al próspero mercado europeo, por lo que no hubo más remedio que recurrir a la falsificación. No tardaron en aparecer comerciantes sin escrúpulos que momificaron alegremente cuerpos de esclavos, cadáveres abandonados o personas ajusticiadas, dando “gato por liebre” a incautos boticarios. El resultado que conseguían era de una calidad tan elevada que cuando se comenzó a realizar pruebas de rayos X a las momias se descubrió que algunos museos exhibían en sus vitrinas falsas momias egipcias.

De la botica al lienzo
En el siglo XII se empleó por vez primera a las momias egipcias con fines curativos en las cortes europeas, tratamiento que alcanzó su punto álgido a lo largo del Medioevo. Fue a partir del Renacimiento cuando se inició un interés por la ciencia, rechazándose la práctica de tratamientos mágicos. El cirujano francés Ambroise Paré (1517-1590) fue uno de los primeros en arremeter contra los polvos de momia. Algún tiempo después haría lo propio el padre Feijoo (1676-1764), un monje benedictino. A pesar de todo, los últimos coletazos terapéuticos llegaron hasta comienzos del siglo XVIII, cuando en las boticas europeas existía la certeza absoluta de que se estaban vendiendo burdas falsificaciones.

A partir de ese momento las momias se usaron con otros fines, mezcladas con disolventes y resinas se transformaban en un insuperable pigmento de color marrón, al que los pintores del siglo XVIII bautizaron con el nombre de “marrón de momia”. Fue el inicio de un nuevo negocio.

Artículo de Pedro Gargantilla para ABC

Museo Pushkin. AS Pushkin llevará a cabo un proyecto conjunto con el Instituto Kurchatov

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Los expertos del Museo de Bellas Artes AS Pushkin y el Centro “Instituto Kurchatov” Investigación Nacional por primera vez en Rusia llevaron a cabo un estudio interdisciplinario a gran escala de las momias del antiguo Egipto de la colección del Museo Pushkin. AS Pushkina usando métodos naturales – tomografía computarizada, químico-biológica y los análisis genéticos. Los científicos esperan que el resultado de la investigación será capaz de aclarar muchos de los problemas asociados con la técnica de la momificación, conocer las condiciones de vida y las características físicas de las personas a largo de su muerte, la enfermedad que sufrió en la vida, y la causa de la muerte. El resultado del proyecto debe ser la visualización tridimensional de la aparición de los antiguos egipcios, que hará que sea posible “ver” las personas que vivieron hace más de dos mil años. Los resultados de la investigación serán presentados en una exposición especial dedicada a la momificación en el antiguo Egipto.
Marina Loshak, el director del Museo Pushkin. AS Pushkin: “Aprendemos sobre cada uno de los protagonistas de la historia de su enfermedad, es decir, que aprender más sobre el mundo que los rodea. Ahora debemos comenzar los antropólogos y genetistas con el fin de recrear la imagen exactamente a su nivel. Así, capa por capa, hay una obra que revela cada vez más nuevas posibilidades para la comprensión del pasado del mundo, tan lejos de nosotros “.
Mikhail Kovalchuk, presidente del Centro “Instituto Kurchatov”, miembro correspondiente de la Academia de Ciencias de Rusia “, se abre un nuevo mundo, lo que nos ayudará a comprender mejor la naturaleza de la enfermedad que nos sucede. A menudo hablamos sobre el hecho de que tenemos, por ejemplo, un dolor de espalda o una enfermedad periodontal – una enfermedad de la civilización moderna pero ahora estas personas, que ahora vemos en forma de momias, a veces hay signos evidentes de lo que se llama osteocondrosis o enfermedad periodontal, así nos damos cuenta que ellós ya lo padecían hace miles de años.. Esto es, de hecho, hay un montón de cosas interesantes “.